El Sábado desperté muy temprano, tomé un batido de frutos rojos, ordené la casa y comencé a preparar la comida con ayuda de recetas online en mi computadora, al terminar adorné el comedor para ocasiones especiales en el jardín con velas rojas, servilletas de género blancas y dos copas.
A las 13:00 en punto llegó, tal como lo habíamos acordado, abrí la puerta perdiéndome nuevamente en sus hermosos ojos, tan cafés como la miel, sus labios tan dulces como la misma azúcar, su piel tan suave y delicada como una pluma.
Me saludo, nos sentamos a comer, le encantó la comida, me agradeció por la invitación y nos reímos bastante, luego de conversar y de comer el postre entramos por el frío y le enseñé mi colección de cámaras antiguas, el cree que soy buena tomando fotografías y empezó con su loca idea de congelar mi carrera para estudiar lo que realmente me gusta.
El fin de semana fue perfecto, hasta que llegaron mis padres el domingo por la noche.
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